La carne es, indudablemente, una de las principales
fuentes de proteína de alto valor biológico de muchos
países desarrollados (Bender, 1992). También una excelente fuente de nutrientes
esenciales: hierro, selenio, zinc y vitaminas del grupo B (B1, B12,
B9,…) (Moreiras, Carbajal y Cuadrado, 2007), que en otros alimentos
no están presentes; o bien lo están, pero con una biodisponibilidad menor. Por este motivo no puede ser
eliminada de una pauta de alimentación saludable y variada; principalmente de
ciertos grupos poblacionales considerados de riesgo: enfermos, tercera edad,
mujeres gestantes, niños/as y adolescentes (Biesalski, 2005).
La carne fresca contiene una cantidad muy pequeña de
sodio: unos 70 mg/100 g (Moreiras y col., 2007).
A grosso modo, las razones por
las cuales se utiliza la sal para la producción de derivados cárnicos se pueden
clasificar considerando las tres grandes funcionalidades
de la sal, haciendo todas ellas referencia a sus propiedades funcionales
específicas (Hutton, 2002). La primera funcionalidad está relacionada con su
acción bacteriostática, frenando la proliferación microbiana (Lenovich, 1987), o bien indirectamente, promoviendo cambios a nivel de los componentes
de la matriz cárnica. La segunda hace referencia a su función tecnológica,
controlando la actividad enzimática en la matriz cárnica (Toldrá, 2002;
Martín, Córdoba, Antequera, Timón y Ventanas, 1998) y aumentando la capacidad de retención de agua de las proteínas
miofibrilares (Xiong, 2005). La
tercera funcionalidad de la sal es la relativa a su acción modificadora de
ciertos aspectos organolépticos: sabor, color (Fernández-López,
Sayas-Barberá, Pérez-Álvarez y Aranda-Catalá, 2004), textura (Arnau, 1991; Parolari, Virgili y Schivazappa, 1994) y aroma (Andrés, Cava, Martín,
Ventanas y Ruiz, 2005).

DECLARACIONES NUTRICIONALES EN EL ETIQUETAJE DE PRODUCTOS CÁRNICOS, ATENDIENDO A SU CONTENIDO DE SAL/SODIO
En el año 2006, complementando la Directiva
2000/13/CE relativa al etiquetaje de los alimentos, en la cual se prohíbe la
información que pueda inducir al error al consumidor, se legisla el Reglamento
(CE) 1924/2006, relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades
saludables de los alimentos. Referente a la información del contenido de
sodio/sal en el etiquetaje, en su anexo especifica las posibles
declaraciones nutricionales y condiciones aplicables:
- “Contenido reducido de sodio/sal”, sólo aplicable si la reducción es de, como mínimo, una diferencia del 25% respecto a los valores de contenido de sodio/sal del producto alimenticio homólogo.
“Bajo contenido de sal/sodio” sólo se podrá declarar si el producto no contiene más de 0,12 g sodio, o su valor equivalente de sal, por 100 g o por 100 mL de producto.
“Muy bajo contenido de sodio/sal” para productos que no contengan más de 0,04 g sodio, o su valor equivalente de sal, por cada 100 g o 100 mL.
“Sin sodio o sin sal”, sólo para alimentos que no contengan más de 0,005 g de sodio, o su valor equivalente de sal, por cada 100 g o 100 mL.
Y, como consecuencia, aplicando tal disposición, los productos cárnicos (crudos-curados y/o cocidos), si bien no se pueden englobar dentro del grupo de alimentos “sin”, “muy bajo” y “bajo” contenido de sodio/sal, considerar que actualmente se han iniciado estrategias para la elaboración de productos cárnicos con “contenido reducido de sodio/sal”.
Plantear una reducción del contenido de sal de un producto cárnico requiere de la adopción de una serie de estrategias, actuando a nivel del proceso de selección de la materia prima y de los sistemas de transformación (formulación y procesado). A continuación detallamos cada una de ellas.
1. Disminución de la cantidad
de sal añadida
Existen
distintas referencias bibliográficas que concluyen cuáles pueden ser las
cantidades orientativas mínimas de sal
a añadir en distintos grupos de productos cárnicos, para mantener una calidad
aceptable: 2,5% para productos crudo-curados tipo salami (Pëtäja, Kukkonen y
Puolanne, 1985); entre 1,5 y 1,7% en productos cocidos picados (Ruusunen y
Puolanne, 2005); 1,8-2,0% en jamón cocido (Ruusunen y Puolanne, 2005).
Como estrategias para alcanzar
una mayor disminución de la cantidad de sal añadida,
manteniendo la misma calidad que el producto convencional, se han planteado las
siguientes:
· Selección
de la materia prima. En
estudios de Gou, Guerrero y Arnau (1995) y de Guerrero, Gou, Alonso y Arnau
(1996) se relacionaron las características genéticas de la materia prima (espesor
de la grasa subcutánea, contenido de grasa intramuscular y conformación de piezas de jamón) con parámetros de textura y
color del corte del jamón curado, considerando, con ello, cuáles eran las
mejores líneas genéticas para la obtención de este producto cárnico. Más
recientemente, García-Rey, Quiles-Zafra y Luque de Castro (2006) también estudiaron
cuáles son los mejores cruzamientos (♀ x ♂) para obtener
jamones curados con una calidad adecuada, según evaluación sensorial de textura y color del
corte. Concluyeron que era (LR x LW) x DU, seguido de (LR x LW) x DU, donde
“DU” es Duroc, “LR” es Landrace y “LW” es Large White. García-Rey,
García-Garrido, Quiles-Zafra, Tapiador y Luque de Castro (2004), atendiendo al
pH como parámetro que permite realizar una válida selección de la materia prima
destinada a la producción de jamones curados, clasificaron las piezas en pH
bajo (pH < 5,5) y pH normal (pH > 5,5) para caracterizarlas. Un pH de
valor próximo a 6,0 a las 24 h postmortem
se considera el idóneo para la elaboración de jamón curado, según Arnau, Guerrero, Casademont y Gou (1995).
· Modificación
de las operaciones de procesado. La reducción del contenido de sal
exige la utilización de técnicas que aceleren el proceso de salado; es decir, que faciliten la
absorción y distribución de la sal dentro de la matriz cárnica. Costa-Corredor,
Serra, Arnau y Gou (2009) deshuesaron piezas de jamón y reestructuraron sus
paquetes musculares con preparados que contenían la enzima transglutaminasa,
para estudiar el efecto de la reducción del contenido de sal y su sustitución
molar con lactato potásico sobre las características fisicoquímicas y
sensoriales del producto final, obtenién-dose resultados satisfactorios.
· Cambios en la
formulación del producto cárnico. Ruusunen, Vainionpää, Lyly, Lähteenmäki, Niemistö,
Ahvenainen y Puolanne (2005) estudiaron el efecto de los porcentajes graso y
magro sobre la intensidad y percepción del sabor salado en productos cárnicos
cocidos con contenido reducido de sal. Concluyeron que la intensidad del sabor
salado está correlacionado positivamente con el contenido de grasa e, inversamente,
con el contenido de carne magra. Observación que concluye que se requiere
buscar estrategias para incrementar la aceptabilidad de productos cárnicos bajos
en contenido de sal y también de grasa. En productos cárnicos cocidos con
contenido reducido de sal, la adición de sales fosfatadas (tripolifosfato
sódico, pirofosfatos tetrasódicos y tetrapotásicos) ayuda a disminuir las
mermas derivadas de la cocción (Knipe, Rust y Olson, 1990; Ruusunen, Niemistö y
Puolanne, 2002). Su adición provoca un incremento del pH de la carne en 0,2
unidades; y, así pues, un aumento de la capacidad de retención de agua (Hamm,
1986). El uso de la enzima transglutami-nasa, mezclada con proteínas
alimentarias y polisacáridos, ha sido estudiado para la obtención de diferentes
emulsiones cárni-cas cocidas (Jarmoluk y Pietrasik, 2003), carne reestructurada
(Kerry, O’Donnell, Brown, Kerry y Buckley, 1999) y jamones curados reestructurados
con contenido reducido de sal (Costa-Corredor, Serra, Arnau y Gou, 2009). Otros
estudios han elegido la utilización de fibras dietéticas, por sus propiedades
funcionales y tecnológicas, para ser añadidas como ingrediente en productos
cárnicos (Jiménez-Colmenero, Cofrades, López-López, Ruiz-Capillas, Pintado y
Solas, 2010).
2. Utilización de
potenciadores del sabor salado
Existe un
amplio abanico de compuestos que, por si solos, no ceden un sabor salado; pero utilizados en combinación con el NaCl
tiene la propiedad de intensificar el sabor salado de los alimentos, e incluso
mejorar su palatabilidad (Phelps, Angus, Clegg, Kilcast, Narain y Ridder,
2006). Actúan activando receptores del sabor de la boca y del paladar, ayudando
a compensar la disminución de la percepción del sabor salado dada por la
reducción del contenido de sal del alimento ingerido (Brandsma, 2006). Se trata
de péptidos y aminoácidos (glicina, lisina, taurina y arginina, los más
utilizados), procedentes de la hidrólisis química de proteínas de origen
vegetal. El glutamato monosódico, en combinación con nucleótidos (el inositato
disódico o E-631 y el guanilato disódico o E-627), se han propuesto para
trabajar sinérgicamente, ampliando la intensidad del sabor en alimentos
(Baryłko-Pikielna y Kostyra, 2007). En productos cárnicos cocidos, como
excepción, Ruusunen, Simolin y Puolanne (2001) observaron que la percepción del
gusto y la palatabilidad eran mayores sólo con glutamato monosódico que en el
conjunto.
Especies e hierbas aromáticas son,
a menudo, utilizadas para proporcionar sabor y aroma y, a la vez, enmascarar la
reducción del contenido de sal en el alimento.
3. Sustitución total o parcial
del NaCl con otras sales
Es difícil
encontrar sustancias que puedan sustituir eficientemente la sal, poseyendo las
propiedades funcionales previamente listadas de la sal.
Por un lado, las
sales inorgánicas más utilizadas para la
elaboración de productos cárnicos con contenido reducido de NaCl son los
compuestos clorados de potasio (KCl), de calcio (CaCl2) y magnesio
(MgCl2). El KCl se plantea como el sustituto de NaCl más utilizado,
atendiendo a su garantía de preservar las funcionales propias del NaCl. En
jamones, Frye, Hand, Calkins y Mandigov (1986) obtuvieron, con una sustitución
del 50% de NaCl por KCl, excelentes resultados en el ligado de las piezas
musculares. Gou, Guerrero, Gelabert y Arnau (1996) lo utilizaron hasta un 30%
de sustitución en salchichones, y en lomo curado hasta el 40% de sustitución,
sin observar alteración de la textura, y con la misma aceptabilidad que los
convencionales. Añadir que el poder bacteriostático del KCl es similar al del
NaCl a la misma proporción molar (Bidlas y Lambert, 2008). Referente al cloruro de magnesio y de calcio, Blesa,
Aliño, Barat, Grau, Toldrá y Pagán (2008) los adicionaron, con distintos
porcentajes a formulaciones de salmueras, para obtener jamones con un contenido
reducido de NaCl. Obtuvieron buenos resultados en lo relativo a la estabilidad
microbiológica del producto final.
Por otro lado, considerando la
opción de sales orgánicas sódicas, las de fosfato, lactato, ascorbato,
diacetato y glutamato son las más utilizadas; aportando, por un mismo peso, una
menor cantidad de sodio que el NaCl. Si a este hecho se le añade la capacidad
bacteriostática de sus ácidos orgánicos (especialmente el lactato), se
posicionan como alternativa a la sustitución parcial de sal en productos
cárnicos. En especial, las sales potásicas y sódicas de lactato son ampliamente
utilizadas en la industria cárnica por sus beneficios en la reducción de la
actividad de agua a iguales concentraciones molares que el NaCl; por su efecto
específico en el control de la microbiota alterante y patógena (Velugoti, Rajagopal, Juneja y Thippareddi, 2007), con adiciones del orden de 1-3% al
producto final; y la mejora del color de la carne (Kim, Keeton, Smith,
Maxim, Yang y col., 2010), protegiendo
la mioglobina de la oxidación rápida.
4. Modificación física de la
forma de la sal
Esta estrategia
no requiere de la participación de otros componentes químicos. Se origina basándose
en el principio que la percepción del sabor salado depende del tamaño de los
cristales y de su forma en estado cristalino. Los copos de sal y los cristales dendríticos,
comparando con la sal granulada, ofrecen una mejora en las propiedades
funcionales de la sal en emulsiones cárnicas: se absorben y se solubilizan más
rápido, aumentando la solubilidad proteica y disminuyendo la merma por cocción
(Campbell, 1979). Atendiendo a la primera mejora citada, la utilización de
sales no granuladas en productos cárnicos crudos-curados, durante el proceso de
salado, puede plantearse como una estrategia para la obtención de productos con
reducción del contenido de sal.
Este listado de
estrategias es meramente orientativo; referido a los resultados obtenidos con
el desarrollo de distintos estudios.
Plantear la
reducción del contenido de sodio de un producto cárnico específico requiere de
un estudio exhaustivo individual, en el cual se deberá considerar su composición
y estructura, procesado y aspectos tecnológicos, caracte-rísticas organolépticas
y de seguridad, para poder seleccionar la mejor estrategia sin que merme su
calidad y aceptabilidad.
AGRADECIMIENTOS
Esta
publicación ha sido elaborada con la ayuda de la Unión Europea, en el marco de
dos Proyectos Integrados del 6º Programa Marco: TRUEFOOD (FOOD-CT-2006-016264)
y Q-PORK-CHAINS (FOOD-CT-2007- 036245).
Los contenidos
de esta publicación son únicamente responsabilidad de los autores y no puede
considerarse en modo alguno que reflejen las opiniones de la Unión Europea.
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